Un pijama de franela
¿puede ser tan elegante
como un traje de chaqueta
si tú lo llevas con arte?.
En Shangai en muy frecuente
salir así a la calle
y es que a muchas de sus gentes
(incluso la cuarta parte)
algo normal les parece
con esa ropa equiparse
y muy elegantemente
por la ciudad pasearse.
Llega a tal dicha costumbre
que al acercarse la Expo
dicen a los traunseúntes
desde el sillón del gobierno:
“No a los pijamas en público.
Seamos civilizados”
La verdad es que el anuncio
parece justificado…
Pero resulta que en Gales
ha llegado una mujer
y ha decidido copiarse:
vestida como la ven,
parece que va a acostarse,
entró en el Supermercado,
informal pero elegante,
y le prohibieron el paso
no dejando que comprase.
Mire usted, buena señora:
Sé que se está calentito;
Todos sufrimos de sobra
ese momento maldito
cuando al llamar de la aurora
en la estación invernal,
hay que quitarse el pijama
con lo agusto que se está,
y de pie junto a tu cama
allí, en “pelota picá”,
ponerte una nueva ropa
que suele estar “congelá”
temblequeando tu boca
y echando vaho quizá.
En España esto se arregla
de dos sencillas maneras:
una dándote una ducha
justo al salir de la cama
(sé que la higiene no abunda
allá por la Gran Bretaña);
la otra, que muchos usan,
es no quitarse el pijama,
dejarlo bajo la ropa,
y salir así de casa
que el frío a ti no te toca.
Esta segunda manera
es un clásico en España
y si no, mira las piernas
en los días de más frío
porque asoman los pijamas
por la zona del tobillo
que es una cosa mala.
Y así vestida en pijama
pero con la ropa encima
puede usted irse de compras,
puede incluso ir a misa,
puede hacer todas las cosas
que quiera hacer en el día
sin que nadie a usted le tosa
ni, por supuesto, le riñan.










